Han pasado un par de semanas desde que comencé estos estudios a color, y sigo explorando la luz y la pincelada suelta a través de pequeños bocetos. Vivo en Finisterre, un lugar donde el mar está siempre presente y en constante cambio, lo que me ha llevado a elegir estos paisajes marinos para copiar. Me fascina la forma en que la luz transforma el agua y las rocas a lo largo del día, y estos estudios me están dando la oportunidad de aprender antes de lanzarme a pintar plein air.
Observar y tratar de captar los matices del mar, los reflejos en la superficie y la atmósfera de cada escena me ha permitido comprender mejor cómo Sorolla lograba esa frescura en sus cuadros. Sus estudios rápidos eran una manera de atrapar lo efímero, de registrar una sensación antes de que se disipara, y eso es justo lo que me interesa trabajar.
Pintar estos bocetos ha sido un ejercicio de paciencia y experimentación. Me estoy centrando en soltar la mano, en buscar la expresividad del color y en permitirme cometer errores para aprender de ellos. La idea no es solo replicar lo que veo, sino interpretar la escena y conectar con la emoción del momento. Pronto quiero salir a pintar directamente del natural, enfrentándome a los cambios de luz y a la espontaneidad del paisaje en vivo, algo que sin duda será un desafío, pero también una experiencia enriquecedora.

